El dolor y el amor se acomodan en el texto que Mario Massaccesi le regaló en su último adiós a Ada Ruth Cuipper de Garay, su primera maestra. La que abrió un camino que no tendría ni tiene techo, la que lo recibió con su primer guardapolvito blanco y la inocencia más preciada… la de un niño ingresando a la escuela por primera vez. Se fue con Ada una parte importante de su vida y Mario supo como despedirla.
“Te amaré por siempre... Hoy murio mi maestra de 1er grado: Ada Ruth Cuipper de Garay. Y se fue llena de amor... el mismo que repartió a lo largo de toda su vida”. Así comenzaba a decirle adiós a una mujer que lo colmó de sabiduría y compañía, más allá de la escuela: “Fue bella y única. Amorosa, dedicada, divertida y con un aire a estrella de cine. Una mujer distinguida y con la autoridad que siempre da el amor del bueno”.
En palabras simples y claras pudo describirla para que aquellos que no la conocieron sepan y la vean… para que la sientan en esencia docente: “Su pelo, mezcla de rubio y albino, parecía iluminar aún más sus ojos color cielo. Usaba guardapolvos blanco, rosado o celeste, siempre intervenidos con alforzas, pespuntes o bordados. Caminaba por el aula dejando una estela de perfume como si fuera primavera todo el año. Semejante belleza contrastaba con una voz apenas ronca que -sin embargo- exhalaba palabras con gusto a miel”.
El vínculo de Mario y Ada no terminó con la escuela. Ellos siguieron en contacto, compartiendo vida y progresos. Hoy, a su maestra de primer grado le tocó partir, pero no del todo, porque una parte de ella sigue viva en ese niño-adulto que recibió de ella las primeras enseñanzas de una docente que no olvidará jamás: “Nos escribíamos seguido y vino a verme al teatro, y al lanzamiento de los libros... aun en medio de la maldita pandemia”.
Con dolor, con emoción y con la sensación de no haberse perdido nada de ella, Mario cerró su despedida: “Yo le decía que había sido como una mamá con guardapolvo. Ella me repetía que estaba orgullosa de mí. Dicen que la patria es la infancia... entonces hoy mi patria está un poquito más sola. Gracias señorita!”


